Mostrando entradas con la etiqueta Aljafería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aljafería. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de enero de 2010

La Aljafería (I)




Si, aunque parezca mentira, trabajo. Aquí os dejo la primera parte, os iré poniendo las siguientes cuando pueda, que los exámenes están aquí y me persiguen.





INTRODUCCIÓN

Abu Ya´far Ahmad b. Sulayman b. Hud al-Muqtadir bi-llah, segundo soberano de la dinastía de los Banu Hud en Saraqusta, fue el fundador de la Aljafería, un edificio construido entre 1049 y 1081 como una quinta de recreo en un recinto amurallado con dieciséis torres de planta circular y, la más famosa, de forma rectangular siendo la más alta y monumental (la única que en la actualidad se puede apreciar) que encerraba una preciosa mansión que llegó a recibir honores de alcazar. Era un recinto sin precedentes en la arquitectura militar hispanomusulmana y su forma era la de un cuadrilátero de 80 x 65 metros. El nombre de Aljafería es una evolución lingüística del nombre de quien lo mandó levantar, de Ya´far, pasó a al-Ya´fariyya, luego Aljafaria y de ahí se popularizó Aljafería, el palacio de la alegria. El patio central pudo ser una representación del paraíso musulman por las albercas y los naranjos que tenía y por ser denominado por los que allí vivieron como “Palacio de la alegría” o “Casa del regocijo”, algo a lo que Al Yasur cantó en versos que dicen: «¡Oh Qasr al-Surur (palacio de la alegría), oh Salón de Oro! Gracias a vosotros he alcanzado la culminación de mis deseos. Aunque no tuviera mi reino ninguna otra cosa, serían para mí todo lo que yo pudiese anhelar».

Se encuentra en Zaragoza, es un castillo cuyos usos actuales son turísticos y sede de las Cortes de Aragón, creado en la segunda mitad del siglo XI y ampliado hasta el sigo XX, catalogado como BIC (Bien de Interés Cultural) cuyo propietario es el Ayuntamiento de Zaragoza. También tiene los títulos de Monumento Nacional de Interés Histórico-Artístico desde junio de 1931 y cuando UNESCO (Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) otorgó el título de Patrimonio de la Humanidad al conjunto artístico denominado Mudejar Aragonés se especificó este palacio como una pieza excepcional y representativa de este arte.

Este lugar es uno de los monumentos más representativos de la historia de Zaragoza del último milenio porque por él han pasado y han dejado su huella todos los acontecimientos importantes para la ciudad, pero que fuera convertido en cuartel a finales del siglo XVI lo perjudicó tanto haciendo que fuera uno de los monumentos más desconocidos de la ciudad.

La recuperación de la Aljafería comienza cuando alguien eliminó o añadió algún elemento que modificara su estructura original (en esto se incluyen todos los diferentes usos que tuvo tras ser palacio taifal, su primera función). Fue utilizado por la Corona de Aragón, por los Reyes Católicos, cuartel y por último (cuya función es la actual) recinto monumental en el cual se citan las Cortes de Aragón. La última actuación llevada a cabo en la Aljafería con idea de recuperación de este patrimonio fue la solicitada por las Cortes de Aragón en 1985 dirigida por el catedrático de Arqueología Manuel Martín Bueno.

La Aljafería puede ser el conjunto monumental más destacable del patrimonio arquitectónico aragonés y, en él, se une, de mejor o peor manera, toda la trayectoria historico - artística de Aragón desde el siglo XI. Este lugar es el resultado de un largo proceso de restauraciones y reutilizaciones en las que se dan cita la historia, el arte y la función del elemento según el momento. Por todo esto, estudiar la Aljafería es estudiar un todo, hay que estudiarlo desde diversos puntos de vista que son histórico, artístico y funcional, estudiar uno solo de estos puntos sin ver la influencia de los otros es una manera de no comprender el edificio.

El Patrimonio Cultural de Aragón es un testimonio fundamental de la trayectoria histórica aragonesa al configurar los signos de identidad del pueblo aragonés y, con ellos, logra diferenciarse; este Patrimonio Cultural de Aragón es propiedad común de toda la ciudadanía aragonesa y configura la cultura española y mediterránes; hay que preservarlo y potenciarlo para que continue siendo un modelo único y diferenciador. En este caso y para esta definición, la Aljafería es el mejor ejemplo de Patrimonio Cultural Aragonés.

La Aljafería es un magnífico ejemplo del esplendor que tuvo la taifa de Zaragoza, pero cuando, en 1118, Alfonso I tomó la ciudad ocupó la Aljafería y, tras él, comenzaron las obras que ahora hacen que este recinto sea como es. Con Jaime I empezaron las reparaciones que continuaron con Pedro III y se necesitó una intervención mayor con el monarca Jaime II (este reinó unos doscientos años después de que dejara de ser palacio taifal). Con Pedro IV continuaron las obras de recuperación y comenzaron las de remodelación al hacer con el un palacio digno para Zaragoza y para la monarquía realizando cambios en el aspecto militar (reparando torres y la muralla, acondicionando los fosos, y aprovisionándolo de armas y de municiones), en el religioso (al fundar la capilla de San Jorge y la de San Martín) y en el aspecto civil (al adquirir huertas y dominios cercanos al palacio y creando jardines en el mismo). Pero tanto Juan I, como Martín I y después Fernando I debieron seguir ocupándose de acondicionar el palacio, llegados a Alfonso V el palacio fue abandonado de su actividad constructiva hasta que en el se instaló el Santo Oficio y Fernando II remodeló la Aljafería construyendo nuevos y ricos salones, e interviniendo en la muralla y en la Torre del Homenaje. Más tarde se fortificó la Aljafería para instalar un presidio y durante el siglo XVII no se intervino aunque seguía siendo un símbolo de la ciudad, con la llegada del siglo XVIII se acondicionó como cuartel en el último tercio y con el siglo XIX y su guerra en los primeros años la Aljafería participó de forma intensa pero limitada en Los Sitios de la ciudad sufriendo considerables deterioros y, tras la campaña, fue remodelado como cuartel. Llegado el siglo XX continuó su utilización como cuartel con numerosas obras entre las que destacaron la reacomodación de las tropas y la provisión de condiciones de habitabilidad e instalaciones para estas.

Entrando en el análisis arquitectónico de la Aljafería basándose en los ciclos constructivos se parte de un núcleo menor fortificado con unos límites que no se alteraron desde su creación, en el siglo XI, hasta la mitad del siglo XIX con instalaciones exteriores que le dieron representación y prestigio. En su historia ha destacado la escasa cantidad económica que se podía adjudicar para sus reformas, por lo que se han dado sucesivos proyectos con obras parciales y reutilizando y acondicionando los espacios que había según las nuevas necesidades que surgian, así se llegó a tener un edificio de arquitectura frágil pero con gran presencia. La arquitectura estuvo constreñida por el espacio, la historia y los recursos que, todos ellos, hicieron que no se lograra una unidad en el estilo, algo que le hace excepcional. El edifico se constituye en un recinto fortificado que contiene un palacio musulmán elaborado con materiales pobres y estructuras frágiles con falsos arcos decorativos y pantallas sucesivas que componen ligeros pabellones que no soportarían los pisos que, con el tiempo, se fueron situando encima, en los siglos XIV y XV se cerraron las arquerías y se levantaron soportes para sostener el piso superior que se creaba con el palacio cristiano y se reforzaron la muralla y las torres. En el siglo XVI se construyo una fortificación en el perímetro exterior del palacio, se elvaron unos casetones, se limpió el foso y se adosaron cobertizos al muro viejo; en el siglo siguiense te amplió la alineación exterior, por esto hubo que aumentar en un tramo las tres naves de la iglesia de San Martín al igual que se colocaba un muro en la cara norte de la torre del Homenaje o Trovador, era una obra cuartelaria aunque carecía de condiciones militares que la salvaron en 1808 porque, por la debilidad que tenía, el ejército francés decidió no derribarla al no creerla peligrosa para tomarla, pero si la bombardearon. Llegados al siglo XIX se dieron nuevos proyectos con la construcción de torreones de estilo neogótico, redistribuciones internas, terraplenado definitivo del foso y proyección al exterior (algo que se hacía por primera vez). En el siglo XX comenzó, para la Aljafería, siguiendo utilizándose sus estancias para diversas funciones y creando dependencias que alteraban el alzado inicial del palacio.

En el siglo XX el proceso de restauraciones que ha sufrido la Aljafería fue, en una primera fase dirigida por Francisco Íñiguez en la zona monumental que logró la reconstitución del palacio musulmán al influir en los lados norte y este de la muralla, en la torre del Homenaje, en la iglesia de San Martín, en el palacio de los Reyes Católicos, en el patio de Santa Isabel y en el palacio medieval, destacando la labor de exploración en todo el ámbito del monumento; con esto se permitió la recuperación histórico-artística de la Aljafería islámica (según el criterio del restaurador que tuvo honradez profesional y cariño y respeto al monumento y a lo que este significaba), el trabajo fue intenso y necesario para conocer el palacio y esos resultados fueron publicados en 1962 (un hecho que inició los estudios científicos sobre el palacio y que llevará al esperado Centro de Estudios de la Aljafería). El arquitecto Ángel Peropadre realizó el vaciado del foso, que aumentó la monumentalidad del conjunto y la recuperó del aislamiento que había sufrido en los dos siglos anteriores por su uso militar. Los arquitectos Franco y Pemán combinaron restauración y rehabilitación al recuperar zonas monumentales y darles diversas funciones (como la capilla de San Martín que, durante un tiempo, fue biblioteca o los palacios árabe, cristiano y la torre del Homenaje que se utilizan en actos solemnes). En la segunda mitad del siglo XX ha habido diversas intervenciones para recuperar las manifestaciones arquitectónicas y artísticas que representan un momento histórico (de casi 1000 años) que ha sufrido este monumento que se ha convertido en un muestrario de estilos que hace difícil la elección de un criterio restaurador. En la actualidad, se han establecido en el la sede de las Cortes de Aragón y se han finalizado las obras de restauración.

viernes, 16 de octubre de 2009

La Aljafería artísticamente



Imagen 1 de la colección Aírefajla (realizada por mi, ante las dudas) Suelo de la zona de columnas del Patio de Santa Isabel de la Aljafería (Zaragoza).

El conjunto arquitectónico de la Aljafería no se puede estudiar de forma separada del arte que en quedaba reflejado por los diferentes dueños que ha tenido; por esto hay que dedicar un apartado específico al arte para tener una comprensión más completa de lo ocurrido en este lugar históricamente.

La Aljafería es un palacio islámico del siglo XI que fue el palacio más importante, en su época, de la España musulmana comparable con la Mezquita de Córdoba y Medinat al Zahra, la Giralda y los Reales Alcázares de Sevilla y la Alhambra y el Generalife de Granada.

El resumen de los cuatro primeros siglos de vida de la Aljafería serían: en la taifa de Zaragoza se realizó, durante la segunda mitad del siglo XI, un maravilloso castillo árabe que parecía un fuerte de forma cuadrada con un estilo que pone de manifiesto una prolijidad casi barroca con pórticos sostenidos por finas columnas de material reutilizado que formaban un encaje y creaban un entrecruce de arcos con estanques y canalizaciones de agua (dada la importancia del agua en la cultura musulmana); el bello oratorio refleja la evolución del arte morisco.

El palacio se puede considerar un símbolo recuperado, lo que ha dado un conjunto monumental sobresaliente en magnitud y trascendencia de la trayectoria histórico-artística aragonesa al ser la plasmación material de la vida de un pueblo unido a un largo proceso de restauraciones poco afortunadas aunque en junio de 1931 fue declarado Monumento Nacional de Interés Histórico-Artístico y en 2001 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) dentro del conjunto del Mudéjar Aragonés, siendo el palacio una pieza excepcional de este.
Primero se puede estudiar la fortificación exterior.
La Aljafería es un palacio-castillo que se levanta al oeste de la ciudad de Zaragoza y fuera del recinto amurallado que esta tenía, se encontraba en un terreno llano rodeado de acequias y huertas sin tener ningún tipo de defensa, por lo que (dentro de la península) sólo es comparable al alcázar de los abbadíes en Sevilla. La Aljafería fue el lugar de recreo de los reyes islámicos que vivían en el interior de la capital de la taifa en el palacio que se denominó Zuda o Azuda.
La muralla musulmana delimitaba la planta cuadrada del palacio que era un tapial reforzado por diecisiete torreones ultra-semicirculares y otro rectangular (en el frente norte) conocido como “Torre del Trovador” o “Torre del Homenaje”, estaba creada para la defensa de ataques de los enemigos y para separar el mundo plebeyo y vulgar que rodeaba el edificio del mundo culto y refinado de la corte, de esta muralla queda algún resto en la base (que permitió a Íñiguez crear el alzado de la que se puede observar en la actualidad) y la actual la evoca, con piedra sillar, caliza de color blanco-grisáceo y ladrillos a cara vista para los remates de almenas y merlones.
La portada de ingreso descentra el eje de simetría de la fachada (fue remodelada por Íñiguez) y está compuesta por un arco de herradura con doble rosca descentrada que producen un efecto visual de arquillos apuntados de un tamaño menor y una galería de arcos carpaneles doblados.
La torre del Trovador es la parte arquitectónico de mayor antigüedad conservada, es de planta rectangular, edificada en la parte inferior con sillares de alabastro y en la superior con hormigón de yeso, cal y ladrillo; en el exterior no se aprecia la división en pisos viéndose un bloque macizo de clara imagen militar, dentro de la torre hay cinco plantas (las tres primeras de época musulmana y las dos más altas del momento cristiano) que, durante la estancia del Tribunal de la Santa Inquisición (1486), fueron utilizadas como cárcel, en la primera planta se accede a un aljibe que aseguraba el agua de forma constante.
El foso de circunvalación, en el exterior, es de la época de Felipe II para evitar revueltas popilares; se encomendaron obras a Tiburcio Spanochi como adosar a los lienzos de la muralla habitáculos pequeños para alojar soldados y cometidos de segundo orden, añadir un camino de ronda (que se encontraba protegido por un muro bajo) y un foso impresionante de 400 metros de longitud y 20 metros de ancho y dos puentes levadizos.
El conjunto de cuarteles del siglo XVI, en la parte occidental, son de carácter militar que dan sobriedad al conjunto que se iban añadiendo en el siglo XVIII con el reinado de Carlos III, eran bloques que se disponían en torno a un patio de armas sencillo, práctico y racionalista. Con los destrozos que sufrió durante Los Sitios en la Guerra de la Independencia se colocó en las esquinas de los cuarteles cuatro torreones neogóticos de los cuales quedan dos.
Las construcciones medievales son siete.
El patio de San Martín que se reconstruyó al situarse las Cortes de Aragón en el palacio, los arquitectos Luis Franco Lahoz y Mariano Pemán Gavín intentaron ser respetuosos con el monumento pero incluyendo corrientes estéticas de la arquitectura del momento (1985-1987), cambiaron el patio para que quedara como una plaza que tenía en un lateral un edificio nuevo que tiene la sede del Parlamento Autónomo Aragonés.
La capilla de San Martín fue rehabilitada como biblioteca de las Cortes de Aragón (función que no tiene en la actualidad dado que es fondo del archivo de las Cortes), está remodelada por los arquitectos Franco, Pemán y Pérez Latorre pero fue una reforma que hicieron los reyes cristianos y pertenece a la época, entre los siglos XII a XIV, de obras como la alcoba de Santa Isabel, la capilla de San Jorge (desaparecida), las arquetas laterales del patio de Santa Isabel y las salas con alfarjes del palacio de Pedro IV, ejemplos de gran importancia para el arte mudéjar aragonés; el interior de la capilla son dos naves de tres tramos separados por pilares cruciformes que cubren bóvedas de crucería simple a los que se le añadieron los escudos de barras de la monarquía aragonesa; en el exterior la portada mudéjar de ladrillo destaca en el conjunto.
El palacio taifal del siglo XI es lo más destacable del conjunto que le da una particularidad especial a la Aljafería, construido por el segundo monarca de la dinastía Banu Hud llamado Ahmad abu Ya´far ibn Sulayman cuya parte de su nombre Ya´far fue derivando por una evolución fonética-lingüística en al-Yafariyya, Aliafaria y, al final, Jafería o Aljafería, establecido así en la segunda mitad del siglo XV; fue definido como Qasr al-Suru que significa Palacio de la Alegría (algo recomendable porque surgió como un lugar lúdico y de regocijo para los moradores de este lugar) que fue marco de reuniones de una corte compuesta por artistas, científicos, filósofos e intelectuales de los que el rey se rodeaba; Ahmad abu Ya´far ibn Sulayman reconquisto Barbastro en 1065, un hecho de gran importancia y que coincidió con los años de mayor éxito de su reinado consolidando su poder y uniendo la taifa (en peligro por los deseos de lograrla de su hermano Yusuf que dirigía la de Lérida); en el alcázar parecen inscripciones de que es conmemorativo de la victoria y la gloria de su mentor, un buen ejemplo son los versos que citan: ¡Oh, palacio de la alegría! ¡Oh, sala de oro! / Gracias a vosotros logré el colmo de mi anhelo. / Y aunque no tuviera otra cosa mi reino, / para mí sois cuanto pudiera ansiar.; este patio es un claro ejemplo de las relaciones con la arquitectura norteafricana y oriental.
Las salas del pórtico norte son estancias de estructura tripartita, un gran salón rectangular y dos aposentos laterales que podían ser alcobas privadas que han perdido la yesería de época de la corte de Abu Ya´far, pero quedan pequeños fragmentos originales que permiten recomponer parcialmente la ornamentación por la repetición de la decoración islámica, en los extremos se ve el primer ejemplo de arcos mixtilíneos con función constructiva; también hay un pórtico de disposición tripartita constituido mediante amplias arquerías polilobuladas que se prolongan como si de dos alas se tratara; es la distribución típica de la arquitectura musulmana que crea ámbitos espaciales con arcos multiplicados de forma armoniosa que sirven de pantallas visuales que dan un arte sensual en el que importa, sobre todo, la apariencia y el impacto visual.
El oratorio o mezquita es la pieza de excepción del conjunto, situada en la parte orienta del pórtico norte es una excelente muestra del virtuosismo de sus artífices, la portada se abre en forma de herradura, en el interior es un espacio octogonal, intimista y oscuro con el mihrab orientado hacia el sureste (La Meca), con una primera planta de arcos mixtilíneos entrelazados que lo separa de la segunda con un friso de grafías con caracteres cúficos que reproducen suras, el segundo piso es la forma de iluminar el oratorio con celosías que permiten la entrada de luz natural y está todo ricamente decorado con pinturas de gran interés que muestran trazados geométricos, vegetales y caligráficos en tonos contrastados, la cúpula actual está diseñada por Íñiguez dado que la original desapareció al realizar el primer piso los Reyes Católicos.
El patio de Santa Isabel es el elemento que unifica el palacio, de forma rectangular al que llegan pórticos, salas y dependencias; remodelado en los últimos años por Ángel Peropadre, se ha recubierto el suelo con placas de mármol blanco y se ha recuperado su disposición espacial (dos pórticos, una fuente y dos albercas), que crean un juego muy interesante de luces y sombras, más si se une con el sonido del agua corriendo por los canales y el aroma de los naranjos; se llega a estar en un mundo mágico (que recuerda al del momento que fue creado, al de los mejores tiempos de Medinat al Zahra o la Alhambra o a un pasaje de Las mil y una noches) apartado del exterior por los sólidos y herméticos muros que lo guardan.
Las salas del pórtico sur tenían una estructura tripartita (salón central y dos alcobas laterales) alteradas en la Baja Edad Media cuando se mandó construir la capilla de San Jorge que se mandó demoler en la segunda mitad del siglo XIX (que también hizo que desaparecieran, esta demolición decimonónica, áreas próximas), por esto, durante la restauración de Íñiguez se realizaron copias fidedignas de los arcos que son un importante juego decorativo.

El palacio nuevo o de los Reyes Católicos fue alzado en el final del siglo XV sobre el ala norte del recinto islámico, una segunda planta sobre la primera taifal como símbolo de superioridad por parte de los cristianos frente a la fe y al poder de al-Ándalus, pero los reyes cristianos solicitaron maestros mudéjares para la decoración de las salas en las que se unen tendencias góticas, renacentistas y mudéjares en lo conocido como estilo Reyes Católicos del que estas estancias son el mejor ejemplo en Aragón.
La escalera noble o de gala comunica el patio musulmán con la segunda planta en un estilo grandioso a la par que monumental en dos tramos, con yeserías caladas y ventanales que la iluminan de forma natural; aunque es igual de destacable su techumbre o cubrición, bovedillas de revoltón pintadas al temple en las que destacan y se repiten los símbolos del yugo y las flechas (símbolos del matrimonio entre Fernando e Isabel).
La galería o corredor comunica las habitaciones con el palacio real tras subir la escalera, es una galería que cubre sus espacios con bovedillas de revoltón con relieves; la entrada principal al salón del trono destaca por el arco rebajado trilobulado y un tímpano donde se representan dos leones, el escudo real con todos los emblemas de los reinos peninsulares (incluido el de Granada) y dos amplios ventanales.
Las salas de los pasos perdidos pertenecen al recorrido protocolario ya que eran lugares de espera para los que iban a ser recibidos por los monarcas; son salas de planta cuadrada, con gran atractivo y relevancia artística, interesantes solerías, azulejos de Muel en el suelo y magníficas techumbres con taujeles que unen elementos decorativos de lacerías mudéjares, escudos heráldicos y florones de hojarasca de los que cuelgan piñas pinjantes.
El salón del Trono es una gran sala centralizada en la composición del espacio palaciego, creada como escenario de actos y ceremonias cortesanas con 20 metros de longitud y 8 metros de anchura, con muros sin decoración salvo vanos de iluminación que se engalanaban en las ocasiones importantes, en el lado norte hay dos pequeñas estancias que tenían carácter privado y son conocidas como sala de las deliberaciones y la alcoba de Santa Isabel (de esta última destaca su techo pintado); lo más espectacular del conjunto es el artesonado que corona el salón, la techumbre se encuentra sustentada por vigas y traviesas realizadas en madera; el techo tiene su reflejo en la solería que luce que está integrada por losetillas de barro que imitan cuadrados y octógonos del artesanado junto a piezas de azulejería y con decoración que reproduce elementos geométricos y vegetales de forma muy esquemática; bajo esto está una galería de arcos conopiales para que los invitados asistieran a contemplar las sesiones dadas en el piso inferior (es una zona que, en la actualidad, los arquitectos han desaconsejado que se pase por allí porque el acceso está en muy mal estado); bajo esto se encuentra una inscripción latina en caracteres góticos que resume la simbología del palacio de los Reyes Católicos con la fecha de 1492 (conquista del reino nazarí de Granada y llegada a Las Indias -América-) que se repite dos veces y dice: Fernando, rey de las Españas, Sicilia, Córcega y Baleares, el mejor de los príncipes, prudente, valeroso, piadoso, constante, justo, feliz, e Isabel, reina, sobre toda mujer por la piedad y grandeza de espíritu, insignes esposos victoriosísimos con la ayuda de Cristo, después de liberar Andalucía de los moros, expulsando el antiguo y fiero enemigo, cuidaron de hacer construir esta obra, en el año de la Salvación de 1492; hay inscripciones parecidas bajo los taujeles de las salas de pasos perdidos con menor extensión.

Como fortaleza y acuartelamiento, a partir de 1593, se transformó la Aljafería en una ciudadela moderna o fuerte dotando al recinto de varios elementos.
Las murallas exteriores con baluartes pentagonales en las esquinas y un foso con paredes en ligero talud con puentes levadizos. Con esto se pretendía manifestar la autoridad real frente a las reivindicaciones forales de la población aragonesa e intentar frenar revueltas de los zaragozanos.
Las intervenciones para la adaptación como acuartelamiento de los siglos XVIII y XIX fueron profundas y todavía se conservan bloques de las construcciones llevadas a cabo en el reinado de Carlos III y dos de los cuatro torreones neogóticos levantados en época de Isabel II.

Las Cortes de Aragón se instalaron en el palacio a partir de 1987, en el ala sur y su prolongación en el patio occidental junto a la capilla de San Martín en la que se ubicó la Biblioteca del Parlamento (en la actualidad no se encuentra allí). Con todo esto se ha revalorizado el conjunto más importante del Patrimonio Arquitectónico regional.

La nueva edificación (se accede por el patio de San Martín y la Sala Goya) es una pieza independiente que respeta el monumento con grandes espacios de circulación iluminados de forma cenital en donde se unen la modernidad y los restos utilizando las antiguas murallas como paredes de salas de juntas, de pasillos,… e integrando restos arqueológicos en zonas de uso común protegidas.